Con la aparición del World Wide Web en 1989, surgió la necesidad de que los datos descargados del Web pudieran ser vistos y relacionados de una manera consistente desde cualquier plataforma, por ello se inventó el HTML o Hyper Text Markup Language (Lenguaje de Marcado de Hipertexto).
Se implementó como un subconjunto o derivado del Lenguaje Estándar de Marcado Generalizado (SGML - Standart Generalized Markup Language), el cual permite que la estructura de un documento pueda ser definida en base a la relación lógica de sus partes. Este tipo de documentos no dicen nada con respecto a su representación, pues será un programa de presentación el que confiera un determinado formato a los documentos según el estilo que tengan predefinido.
En consecuenia, podemos decir que HTML se concibió como un lenguaje de etiquetas con el que cualquier persona podía crear un documento hipermedia que tuviera una apariencia similar al desplegarse en cualquier plataforma existente.
En principio, se pretendía que las etiquetas fueran capaces de marcar la información de acuerdo con su significado (títulos, enlaces, párrafos, listas,...), sin importar cómo se mostrase en pantalla. Lo importante era el contenido y no la forma, es decir, que era un lenguaje de marcas orientado a describir los contenidos. Se dejaba a cada visualizador (browser) la tarea de formatear el documento según su criterio. Esto producía presentaciones diferentes, pero permitía controlar fácilmente su contenido.
La facilidad de uso y la particularidad de ser un formato no-propietario hizo de HTML el sistema idóneo para compartir información en Internet, por lo que rápidamente alcanzó una situación de privilegio. No obstante, a medida que el web era descubierto por toda clase de personas como un fantástico medio de difusión, las limitaciones de HTML con respecto al control sobre la presentación se convirtieron en una fuente continua de frustraciones.
Los navegadores fueron añadiendo más etiquetas HTML dirigidas a controlar la presentación y los nuevos diseñadores de páginas web, acostumbrados a los medios tradicionales sobre papel en los que tenían un control total sobre la apariencia, aprendieron a servirse de diversos trucos para suplir las limitaciones estilísticas del lenguaje, consiguiendo documentos perfectamente formateados. Aunque su intención fuera buena, las técnicas empleadas han tenido unos efectos secundarios a menudo desafortunados. Varios ejemplos de estas técnicas son:
- Utilización de etiquetas no estándar implementadas por algunos navegadores.
- Conversión de texto en imagen.
- Utilización de imágenes transparentes para crear espacios en blanco.
- Uso de tablas para forzar determinadas presentaciones.
- Utilización de programas o lenguajes ajenos a HTML para conseguir determinados fines.
La utilización de estas técnicas conlleva una serie de consecuencias que difieren enormemente de la idea original sobre la que se creo HTML. Las principales son:
- Aumento considerable de la complejidad de las páginas web, pues los elementos de formato están entremezclados con el contenido.
- Problemas de portabilidad entre distintos navegadores y distintas plataformas.
- Flexibilidad limitada.
Para intentar frenar el descontrol producido, el W3C propone dar un nuevo paso en la evolución de Internet: XHTML.
¿Qué es XHTML?
La especificación XHTML 1.0 es una reformulación del lenguaje HTML como aplicación XML. Su finalidad es ser usado como lenguaje de contenidos, tal y como hacía HTML en sus orígenes.
De esta manera, los desarrolladores de contenidos web entran en el mundo de XML (con todos los beneficios que se esperan de él) y, si se siguen las pautas adecuadas, las páginas XHTML podrán ser visualizadas tanto por agentes de usuario HTML 4.0 como por los nuevos agentes XML.
Con la aparición de XHTML se soluciona parte del problema pero... ¿qué ocurre ahora con la presentación de los documentos? ¿Se deja a la libre interpretación de los distintos visores? Aquí nos encontramos con un dilema, pues si privamos a los diseñadores de la posibilidad de maquetar sus páginas éstos seguirán trabajando como hasta ahora y XHTML no dejaría de ser un sueño, pues recordemos que en Internet el dinero lo muevo principalmente la publicidad y ésta entra por los ojos. ¿Qué podemos hacer entonces? Si con XHTML hemos recogido el contenido del documento, deberemos recoger el diseño del mismo de alguna otra manera.
Hojas de estilo
Las hojas de estilo en cascada, o CSS (Cascade StyleSheet), son el complemento ideal de XHTML. Si con éste definimos el contenido lógico del documento, será una hoja de estilo la que marque las pautas de visualización, logrando una perfecta separación entre contenido y formato.
Este nuevo método de trabajo dista bastante del utilizado hasta la fecha y representa un esfuerzo para aquellos que se planteen evolucionar hacia esta nueva filosofía de desarrollo, no obstante, los beneficios son considerables:
- Se simplifica considerablemente el desarrollo de páginas web.
- Se potencia al máximo la portabilidad entre diferentes navegadores y distintas plataformas.
- Se permite una mayor accesibilidad a la web: los navegadores adaptados para discapacitados soportan esta tecnología.
- Es posible cambiar todo el diseño de una web únicamente modificando la hoja de estilo.
Si desean más información sobre XHTML y CSS pueden encontrarla en la página web del W3C (Worl Wide Web Consortium).